“Solamente los sueños son siempre lo que son. Es el lado de nosotros en el que nacemos y en el que siempre somos naturales y nuestros. - Pero, si el mundo es acción, ¿cómo puede ser que el sueño forme parte del mundo? - Es que el sueño, señora mía, es una acción convertida en idea; y por ello conserva la fuerza del mundo y rechaza la materia, que es el estar en el espacio. ¿Acaso no es cierto que en nuestros sueños somos libres…?”
‘The Devil’s Voice’ – Fernando Pessoa
II
III
“Estamos indefensos en los sueños ajenos” Rafael Pérez Estrada
Cuando F. se fue con la música a otra parte –nunca mejor dicho- estuve un tiempo desconcertada. Como si, al quedarse el alumno sin maestro, se hubiese quedado también sin la capacidad de explorar por sí mismo los territorios que se habían abierto los sábados a las ocho de la mañana con The Cult, en interminables sesiones en el ordenador y en conciertos inolvidables, como el de Moby.
Pero al alumno le gusta demasiado la música como para renunciar a ella y quedarse estancado. Hay aquí un estremecimiento muy primario. Algo básico. Por eso, poco a poco, la vida volvió a convertirse en una canción, aunque fuese cantada a gritos, y fueron apareciendo otros nombres, otros ritmos, otras formas de contar.
Hoy el alumno explora nuevos caminos que surgen por contagio, a través de Radio 3, por preguntas, conversaciones y montajes. Le parece que se aleja, que entra en un universo gravitatorio que conduce de Beirut a Kings of Convenience. De Towa Tei a José González. Y, de vez en cuando, necesita regresar por los caminos ya transitados para levantar los brazos, cantar gritando, cantar sintiendo, y recordar el auténtico significado de la palabra maestro.
“Y si todo ha sido en vano, no tienes que volver" Los Planetas
El abrigo. El pañuelo. Otra chaqueta. Un jersey de cuello alto. La camiseta. El sujetador, a veces. Las bragas. Los leotardos. Los pantalones. Calcetines. De vez en cuando, gorro y guantes. Dos grados bajo cero. Menos uno. Olvido que debajo está mi piel. Y que acariciar es el sexto sentido. ¿Ves?
Me gustan ciertos mecanismos de la curiosidad. El efecto que tienen algunos acordes y algunas voces cuando las escuchas por primera vez. Determinadas imágenes, y cómo las interpretas. A veces, mi curiosidad es voraz. Posesiva y expansiva, sin contradicción. Mi curiosidad necesita tiempo. Es caprichosa, lo sé. No le gustan los atajos, lo sabe, porque necesita sus espacios.
Yo no presto atención a que mi parte mundana tenga muy poco de Tierra en ella, que los años de amor hayan sido olvidados en el enojo de un minuto: no me lamento de que los solitarios sean más felices, cariño, que yo, pero sí de que tú te apenes por mi destino porque soy un transeúnte.
Hay un placer muy sencillo. Ojear la cartelera de un periódico, ver lo que 'hacen' en el Avenida de Sevilla y escoger una de las películas en versión original. Comprobar que la sala está llena, que la gente sabe comportarse con educación porque está disfrutando. Es un placer sencillo quedarse en los créditos, hasta el final. Salir sonriendo todavía, como en ‘Bienvenidos al Norte’. Con las vísceras del revés, como en ‘Gomorra’. Queriendo saber más, como en ‘Il Divo’. ¿Por qué en Extremadura no funcionan cines así, salvo las sedes de la Filmoteca y algunos festivales? Y hay quién se ríe de mi pequeño DVD portátil…