martes, 26 de julio de 2011

suma y sigue

"Si todos somos espectadores, no pasa nada" / Manuel De

Lo que he aprendido trabajando en televisión es que no se obtienen respuestas sino “totales” que tienen que durar más de diez segundos para rotular al personaje y menos de veinte para que el espectador no pierda la atención.

Que basta un pequeño reflector para corregir las sombras de las gafas. Y ese trípode, amigo trípode, que pesa ocho kilos y cuesta una pasta.

La mayor lección de la tele es que el tiempo es un valor de lujo, tanto el que te robas a ti mismo como el que concedes a los que quedan retratados en las pantallas. Y que, como todo en la vida, a veces ganas, a veces pierdes, otras rozas las alturas y otras, podrías irte directo al infierno.

En este año y nueve meses que he vivido en una isla, he aprendido que son importantísimas las ideas previas. No sólo de dónde vas a ir, con quién vas a hablar y qué planos necesitarás para ilustrarlo, sino también algo más profundo y anterior.


Eso que se llama conocimiento y que es de lo que vas tirando a medida que van surgiendo los problemas. Porque la práctica lo único que hace es medir tu capacidad de reacción.

Me quedo con algo: con la certeza de que hablar por hablar no me interesa. Que a mí lo que me gustan son las pequeñas historias.

Y que, al final, todo (o casi todo) es mentira. O no pasa de una mera recreación.

Foto: Juliao Sarmento, Centro de las Artes Visuales Helga de Alvear

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