viernes, 16 de enero de 2009

Sal

I
¿El juego del ahorcado?
¿No prefieres una partida al ajedrez?
No tengo tiempo que perder en visiones espaciales, metáforas ni adivinanzas. Cuando se me hincha la vena derecha de la cabeza soy incapaz de moverme sin dormirme, vomitar o querer acurrucarme. Las mitades no cuentan si no hay horarios, no hay reglas. Dame un impulso. ¿Una más? ¿La última? Dame un espejo, que te veré reflejado. Dame una mirada desenfocada. Una jugada más.
¿Qué hago aquí si todavía no es jaque mate?




II
No. Yo no prefiero rozar los límites. Los desbordo. No quiero vivir en la superficie ni parecer que camino sobre el agua, sin que el agua me moje. Aprendí a nadar en el mar, escupiendo sal. Aprendo a adaptarme haciendo mudanzas. A despedirme, diciendo constantemente hola y adiós.
No concibo no beber la penúltima, no tener respuestas al ¿y ahora qué? El exceso es una medida. El desequilibrio, una forma de estructurar. Pero hoy voy a abrigar mi espalda, limpiar mi sangre y conformarme con remover la tierra en la que están empezando a asomar los tallos de los tulipanes.

viernes, 9 de enero de 2009

Lunar


La luna llena en algunos pueblos de Extremadura me hace imaginar que vuelvo a ser una niña de dos coletas. Más exactamente: un dibujo animado en blanco y negro de una niña con dos coletas y vestido negro por debajo de las rodillas que levanta los brazos, estira del hilo y se abraza a la luna con todo el contorno de su cuerpo para enseñarles a sus amiguitos esa enorme pelota luminosa que acaba de arrastrar desde el cielo.

Foto: pattoncito - Flickr.com

lunes, 5 de enero de 2009

Tránsito

No pudimos acabar el año podando el jardín por la lluvia pero lo hicimos envueltos en una manta, sin uvas, con palomitas, sin campanadas y sin tristezas, con sueños que llegan antes de la hora marcada. Como el de viajar a Porto para ver la retrospectiva de Juan Muñoz en el Serralves.




2008 acaba con una canción de película en blanco y negro con final feliz. ‘Who will take my dream away?’ de Marianne Faithfull en ‘La chica del puente’. El año empieza con las canciones de Nitin Sawhney. Con los personajes de resina, hierro y acero; los chinos y los enanos, los muñecos sin ventrílocuo que creó Juan Muñoz con la ilusión de llenar y vaciar los espacios, de jugar con las palabras y el silencio, de explicar sus trucos de prestidigitador, aunque sigan siendo una incógnita.

El año acabó produciendo reportajes culturales en serie, ninguno llena mis espacios. Antes, con una conversación de horas con Sara y la alegría de presenciar su sonrisa de dientes con personalidad. Sus símbolos y la certeza de su fortaleza y su capacidad de estirar el cuello para respirar y acabar brillando.

2009 empezó moviéndonos entre asiáticos del mismo tamaño. Grises y con idéntico gesto en el rostro, una media sonrisa. La intención quizás se esconda en las manos. En esa mano que agarras en la sombra. En las risas, en las voces que no escuchas. En las conversaciones que adivinas a través de la pared, frente al espejo, de espaldas.




¿Y si yo pudiera tocaros y mi carne os volviera carne? ¿Cuál sería el siguiente gesto? ¿Seguiríais imperturbables? ¿Seguiríais riéndoos? Algo me dice que no. Os veo recuperando la postura en el jardín da Cordoaria, volviendo a casa y frunciendo el ceño, , porque esto pesa, a veces. Y cuando no… cerramos los ojos antes de tiempo, o nos reímos, o hablamos solos, o nos desatamos a contar o dejamos que lo que esto sea se llene y se vacíe, acabe y empiece, siga como estaba o no.




"Aquí y allí no importa
Nosotros debemos estar en reposo y, sin embargo, en movimiento (...)"

T.S. Eliot

lunes, 22 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

La Navidad es una partida a la brisca. Dos mesas y un reparto por edades. Es dibujar un círculo en la ventana helada de casa de mis abuelos para ver enfrente las lucecitas del belén de mis primos. Es jugar a hacer el pino en los sofás, al escondite en el desván, a probar un trago de vermout. Son muchas mujeres juntas, hombres en solución cotidiana. La Navidad es pedir duros y que te den pesetas, esperar que el Renault 11 vuelva de Orense y sorprenderse por la bici para cuatro, los patines para dos y una Leslie pelirroja.


La Navidad no sabe a langostino, ni falta nadie en las uvas de fin de año, en los besos que dan la primera bienvenida. La Navidad sabe a cordero, a amanecer nevado, a corretear entre una casa y la otra con palabras para el souto. Para el Jack, para el Mickie, el señor Manolo con su pierna herida en la guerra. Para la tía Balbina, los abuelos, la tía Lola, mi padre. Y para todos los que están a demasiados kilómetros de distancia. Ellos son mi partida a la brisca, mi vermout, mi familia. Ellos son mi Navidad.

Foto: Carlos Venegas - Flickr

viernes, 19 de diciembre de 2008

Animal de costumbres

Desayuno café solo y media de mantequilla con J. Es nuestra manera de no perder una buena costumbre, aunque ahora tengamos que untarnos las tostadas. A veces voy a casa de S. y ella me prepara el café y el pan mientras nos ponemos al día.

Suelo comer sola, excepto cuando lo hago con Ch. porque ha pasado demasiado tiempo. Acabo de descubrir que mi hermanito está muy cerca y de recordar que al ser humano le gusta crear tradiciones. Como las cenas de los martes o los miércoles con Ol.; en el mismo sitio, a la salida del tai chi o al regreso de alguna ‘salida’, con las mismas tapas y variaciones de los mismos temas: personas, historias, libros y sexo.

Compramos el Babelia todos los sábados. Es un rito que se mantiene inalterable desde hace muchos años, más ahora que busco a Javier Vallejo en las páginas de teatro. Es un rito desayunar leyendo con pausa sobre ‘artistillas’ en general y a G. también le gusta. En casa, zumo de naranja incluido y aunque hayan pasado tres horas desde que se despertó.




Si nos juntamos J., mi hermanito, B. y yo para cenar, seguro que le presto mi pañuelo a alguien. Seguro que acabamos borrachos cantando en el karaoke, jugando a los dardos o al futbolín y bebiendo cerveza como una descosida.

Hace once años, llevaba croissants recién hechos a casa de C. y nos poníamos moradas de fumar en El Volander con S. y con quien entendiera aquellas risas. Después, apareció Ol. con el té moruno y las crepes de nata y chocolate, fue F. el del suplemento y Á. la de las cañas en la Alfalfa. S. la de los desayunos, las comidas y las borracheras en Lisboa.

No voy a negar que soy un animal de costumbres y que parece ser que permanece con quien comes y bebes a tus anchas.

Foto: Pedro Floro - Flickr.com

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Días II

La primera canción de ‘El manifiesto desastre’ de Nacho Vegas suena a piano una tarde de lluvia algo alcoholizada.

Así pues, cuando no tengas nada que hacer y yo pase por tu cabeza, nadie podrá oírte, así que piensa en mí como si me quisieras”.

Pero estoy sobria, luce el sol de diciembre y ahora sé que tampoco lo hicimos tan mal. Que cada quien tiene su propia habitación y en la mía estoy pensando en cambiar la mesa japonesa que te dejaste por otra mesa camilla, con la opción de brasero y mantita para cogernos de la mano mientras vemos seguidas la segunda y la tercera parte de ‘El padrino’. Para invitaros a comer cremas de puerro y perca sin que tengáis que sentaros en el suelo. Para estudiar y reorientar el caos, para que el gato se esconda en sus faldas.




Mesa camilla para jugar al Risk y conquistar Kamchatka, aunque esa no sea mi misión, aunque vayan cayendo uno a uno el resto de mis batallones. Para escuchar el piano de Nacho Vegas mientras luchamos por Kamchatka y por encontrar algo que nos ate, que nos haga tener la paciencia suficiente como para permitirle que mejore. Que te ayude a tomar la decisión más acertada a largo plazo, cuando tu intuición es más o menos nítida. ¿O no?

Foto: TDW1986 - Flickr

Días I



A veces no me reconozco en el modo cómo la nostalgia se ha ido transformando en un juego de reflejos. En otras piezas del puzzle. En el modo de hablar sin parar con alguien que acabo de conocer. En la manera de socializar y adaptarme ahora que acabo de llegar.

Mi padre me dejó sin lágrimas para otro tipo de ausencias. La CCILE y otro país fueron secando la timidez, el teatro fue sacando el impacto de lo efímero. Ocho años lejos de casa y cuatro ciudades hicieron el resto.

Conservo la necesidad de tocar, de escuchar, de seguir aprendiendo y ser curiosa pero a veces no me reconozco sin la timidez, sin la saudade y eso hace que sean días extraños. Que quiera pararme sólo un momento, a ver si me alcanza mi sombra.

Foto: José Rubio - Flickr