martes, 20 de mayo de 2008

Lapislázuli

Abro el diccionario por la ele para buscar el significado exacto de la palabra lapislázuli. Mineral de color azul intenso. Azul de ultramar.

Dice Pepe que el color más perfecto de todos cuantos hay en el Prado es precisamente ese, el lapislázuli de las ropas de 'El descendimiento' de Roger van der Weyden. Y sí, quizás tenga razón. Es absolutamente perfecto. Los detalles, minuciosos. Pero reconozco que me gustó más la locura de 'El jardín de las delicias' y mi azul, no dudo, es el del cielo de los almendros en flor que pintó Van Gogh. Un cielo limpio para el nacimiento de su sobrino, un cielo inocente. Un azul tan claro como imposible. Por eso, lo guardo en mi mochila, lo llevo conmigo en la retina y se lo regalo a G. como dedicatoria porque me cogió la mano en aquel momento.

Ese azul resume una búsqueda más amplia, un juego de colores, también besos, que se intercambian con frases de película. ("No hay nada peor que el talento desperdiciado"). La curiosidad, que nos lleva de Amsterdam a Malpartida, de Madrid a Badajoz. Que nos impulsa a coleccionar en la nevera señales de las estructuras, las formas, los datos basura, los materiales. Todavía más lejos... Que me lleva, de nuevo, a sentir la necesidad de pintar mi propio cielo.

lunes, 19 de mayo de 2008

Como uma onda

Nada do que foi será de novo
Do jeito que já foi um dia
Tudo passa, tudo sempre passará
A vida vem em ondas como mar
Num indo e vindo infinito

Tudo o que se vê não é
Igual ao que a gente viu há um segundo
Tudo muda o tempo todo no mundo
Não adianta fugir nem mentir
Pra si mesmo
Agora, há tanta vida lá fora
Aqui dentro, sempre
Como uma onda no mar

Caetano Veloso / Lulu Santos

viernes, 16 de mayo de 2008

Fin

Me asomo al balcón. Llueve. La masa está dentro, o eso parece, pero yo me he quedado fuera, fumando un cigarro tras otro y sabiendo que ha llegado el momento de la despedida. Va por ti, es por ti y hasta aquí puedo llegar.

Reapareciste en sueños para que me despertase siendo consciente que ese es el único espacio posible para la existencia. No éste, donde la luz me ciega de tanto mirarla directamente. Donde no entiendo la mitad de las cosas que pasan y la otra mitad son injustas. En el que creo que he hecho lo que debía y al que digo adiós con tristeza. Como cada vez que algo importa pero ha perdido el sentido.

martes, 6 de mayo de 2008

Los días, sólo eso

Hay hormigas chiquininas recorriendo el mantel de mi mesa. Huyen, se esconden debajo del móvil, los periódicos, el paquete de tabaco. No quepo en su mundo, las desconcierto, pero a mí me gusta mirarlas. En el jardín, transportan entre dos un grano de arroz, y se unen, y fornican. Escapan de la sal o de cualquier otro remedio casero.

Son habitantes de mi isla, como ese canijo que teclea el piano cuando no estoy y descubre a Sakamoto y Morelembaum a altas horas de la mañana. Cuando los planes te fallan, queda la música. Sobrevolando cualquier cambio, ahí están la música y la naturaleza. Las hojas que crecen cuando no las miro, mientras regreso después de haber estado cuatro días en casa.

Odio las despedidas, quizás por eso dejo pasar tanto tiempo entre estancia y estancia. O no... Tal vez lo haga porque quiero sentir que son auténticas despedidas. Tristes, porque es probable que pasen muchos meses hasta el próximo abrazo, la complicidad, la broma, la empatía.

Hace algunos meses, nueve, que no paro de repetirme que debería estar, que me faltan horas para estar. Acercarme. Dejarme de tanto kilómetro y demasiados aplazamientos. Hace meses que pienso que no sería tan malo volver.

Volver.

Después de Melilla, Sevilla, Lisboa, Mérida.

Volver.

Nena, piénsatelo bien que tú eres inaguantable cuando estás en el paro y a las dos semanas la convivencia sería imposible.

Volver. Para ver crecer a mi sobrino. Sus dientes, sus pasos, el siguiente libro de sonidos y colores y animales y palabras. Para estar con mi madre y sus cambios de humor. Mi hermano y sus agobios. Mi hermana y sus disciplinas. Con Jorge y que vuele como yo lo hice. Con C. y las mesas de comer. Para estar en esos pequeños detalles que se construyen de música y hormigas. De cada día, con todas sus horas. Incluso las inaguantables.

lunes, 21 de abril de 2008

Las flores se pudren...

... Sí, se pudren. Se secan. La belleza es efímera, dicen. La pasión se acaba, a veces el amor solidifica, otras se encostra. La ilusión se pierde. Los ideales se venden. No sólo las flores se pudren. Las mentes también lo hacen. Los culos se agarran a la silla con más fuerza.

Pero estos días le ha nacido un tercer tallo a la flor que creía muerta. Nuevo, fuerte, firme... y, una vez más, encuentro en la naturaleza todas las palabras que sobran. La simple voluntad de resistir.

miércoles, 9 de abril de 2008

El hilo

Una cometa vuela en la playa de la Malvarrosa como intermedio sin pausa entre las vacaciones de fallas y la semana santa. La familia ha vuelto a reunirse sin más motivo que estar. No hay celebraciones ni liturgias. Sólo días para estar.

A mi padre le gustaban mucho estos saraos, desde las aglomeraciones de gente hasta los fuegos artificiales. Un buen chocolate con churros, la última recomendación financiera, no quedarse quieto.

Ahora está quieto y lejos y yo también he querido mantenerme alejada para no depurar la tristeza colectiva con una sonrisa de resignación y un apretón silencioso de manos. Prefiero verlos desde aquí, intuir sus gestos, sus risas. Prefiero no evidenciar la ausencia. Pensar tan sólo en el hilo que sostiene a la cometa y que a nosotros nos mantiene en pie, a pesar del viento.

miércoles, 2 de abril de 2008

Feliz abril

"Sólo una cosa no hay. Es el olvido"
Everness, Jorge Luis Borges

No me gusta el significado de algunas palabras. El de la palabra necesidad, por ejemplo, porque deposita fuera de ti, lejos de ti, la posibilidad de saciarla. Estabilidad, porque simboliza una línea recta, un trazado predefinido, costumbres, horarios, ritos. Hogar, porque ya he perdido varios y, si construyo otro, tendré que defenderlo con uñas y dientes, incluso por encima de mí misma.

Prefiero el concepto sostenerse en equilibrio al equilibrio puro. Balancearse, tambalearse, dar un paso mirando los pies, intentarlo esta vez con la vista fija en el horizonte. Un ligero traspié, ¡uy!!!. El riesgo, el aprendizaje, casi...

Me da alergia el adiós, porque deja vacíos que tendrás que rellenar de alguna manera. Por mucho que crezcas en otras plazas, ríos, tiempos... no dejará de ser nadar contracorriente, alejarte, huir.

No me gustan las palabras seguridad, protección, certeza, porque las busco y las rechazo en la misma medida. La interpretación de la palabra lunes, porque no se merece la pereza que significa; el compromiso, porque deja pocas alternativas de sumisión. Pero, sobre todo, detesto el olvido, porque no admite alternativa. Ninguna.